Un susurro gris chispea a medianoche:
"Una extraña sensación agita la sangre en mis venas. Soy la pulpa viscosa que ata el cosmos, dulce saliva de la garganta cariñosa. Me pierdo. Creo en las estrellas. Veo la paz deteriorada, y a las ganas de matar sin ganas. Expande la goma celeste en incontables lenguas negras. Háblame, pero no me cuentes que una extraña sensación se agita en la sangre de tus venas."
Una voz al alba:
"¡Pesadilla!"
martes
Las cosquillas de la niña
Una niña grande juega en el parque. Es otoño y los árboles se divorcian de unas hojas amarillas. La niña, de cabellos nocturnos, se acerca a su madre.
"Amatxu... me he tumbado en el columpio y la pesetita me ha hecho muchas cosquillas."
"¡Calla hija, qué andas! Esas cosas no se dicen."
"¡Uy! Perdón señora, la he confundido con mi madre."
"Amatxu... me he tumbado en el columpio y la pesetita me ha hecho muchas cosquillas."
"¡Calla hija, qué andas! Esas cosas no se dicen."
"¡Uy! Perdón señora, la he confundido con mi madre."
Reunión en el portal
El personaje, un hombre húmedo y apestoso, entró en el portal del edificio donde vivía hacía ocho años. Había reunión.
"¿Sabéis qué ocurre cuando una persona húmeda y apestosa entra de ese modo al edificio donde vive desde hace ocho años?" dijo uno.
"Que todas las ratas salen al portal", contestó el personaje.
"¿Sabéis qué ocurre cuando una persona húmeda y apestosa entra de ese modo al edificio donde vive desde hace ocho años?" dijo uno.
"Que todas las ratas salen al portal", contestó el personaje.
Todos los días
Todos los días
Rompemos mil palabras, partimos un melón en dos y disfrutamos de unas llaves únicas.
Todos los días.
Mordemos las capas, paseamos un huevo duro y juramos en alto sin pescado.
Todos los días.
Casamos a los perros, vemos húmeda la barriga y besamos del culo lo amargo
Todos los días.
Rompemos mil palabras, partimos un melón en dos y disfrutamos de unas llaves únicas.
Todos los días.
Mordemos las capas, paseamos un huevo duro y juramos en alto sin pescado.
Todos los días.
Casamos a los perros, vemos húmeda la barriga y besamos del culo lo amargo
Todos los días.
La herida de Félix
En el tiempo que tardé en alzar el quinto de birra y tragar, Félix había arrancado la pata de una silla para currarse un buen tajo a todo lo largo del antebrazo.
- Coño.
- Joder tio, sólo tenías que mover la puta silla de sitio para que podamos mover la mesa hasta aquí.
- Joder, cómo sangro.
- ¿Sabes? No me importa. Así te lo digo macho. No me importa una mierda, te lo tienes ganado, por tonto. Por ser tan zafio.
- No me jodas tio, mira que estoy sangrando en serio, que me muero. ¿la silla pesaba, vale? No he calculado bien.
- No me jodas tú a mí, Félix. Que no pasan dos minutos sin que te tenga que echar el ojo. Estoy hasta los putos huevos de sentirme un tirano, mierda ya. No haces más que hacerme sentir un dueño, un señor, ¡tu padre! No aguanto tio, y te lo digo con todo el cariño, pero ¡deja ya de hacerme sentir culpable!
- Vale, ¡vale! está bien pero dime ¿qué hago ahora? Llama o algo.
- ¿Que qué haces? Te lo diré. Deja de mirarte la herida, levanta del suelo, baja a la calle, compra pegamento, sube y arregla la puta silla.
- ¿Qué?
- Cuando hayas terminado curaremos tu brazo.
- Estás chalado ¿qué consigues con eso?
- Que la persona que te venda el pegamento te vea el brazo, te mire a la cara y te diga apuntándo a su sién con su dedo índice: "¿señor, está usted bien?"
- Coño.
- Joder tio, sólo tenías que mover la puta silla de sitio para que podamos mover la mesa hasta aquí.
- Joder, cómo sangro.
- ¿Sabes? No me importa. Así te lo digo macho. No me importa una mierda, te lo tienes ganado, por tonto. Por ser tan zafio.
- No me jodas tio, mira que estoy sangrando en serio, que me muero. ¿la silla pesaba, vale? No he calculado bien.
- No me jodas tú a mí, Félix. Que no pasan dos minutos sin que te tenga que echar el ojo. Estoy hasta los putos huevos de sentirme un tirano, mierda ya. No haces más que hacerme sentir un dueño, un señor, ¡tu padre! No aguanto tio, y te lo digo con todo el cariño, pero ¡deja ya de hacerme sentir culpable!
- Vale, ¡vale! está bien pero dime ¿qué hago ahora? Llama o algo.
- ¿Que qué haces? Te lo diré. Deja de mirarte la herida, levanta del suelo, baja a la calle, compra pegamento, sube y arregla la puta silla.
- ¿Qué?
- Cuando hayas terminado curaremos tu brazo.
- Estás chalado ¿qué consigues con eso?
- Que la persona que te venda el pegamento te vea el brazo, te mire a la cara y te diga apuntándo a su sién con su dedo índice: "¿señor, está usted bien?"
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