martes

Pingüinito rojo

Me planté en frente. Me miró a los ojos. No me tenía miedo. Era algo con lo que yo no había contado. Me puse rojo después de una explicación dudosa. Se mofó de mí. Y, al fin, salí del despacho con la cabeza torcida, sin carácter, sin seguridad, con el espíritu cuajado y mermelada en la sién.

No hay comentarios: